El juicio de Núremberg, 1946, de Laura Knight
Los intérpretes de Núremberg hicieron posible que jueces, fiscales, abogados, testigos y acusados participaran en un proceso judicial desarrollado en inglés, francés, ruso y alemán.
El Tribunal Militar Internacional necesitaba avanzar con rapidez sin sacrificar el derecho de las partes a comprender las actuaciones. La solución fue utilizar una tecnología todavía experimental y organizar a decenas de profesionales capaces de escuchar, analizar y reproducir mensajes jurídicos casi en tiempo real.
Estos juicios no inventaron la interpretación simultánea. Sin embargo, demostraron que podía utilizarse de forma sostenida, a gran escala y bajo un escrutinio público sin precedentes.
Su éxito cambió la historia de la interpretación de conferencias y abrió el camino para su adopción por organismos internacionales.
El juicio principal comenzó el 20 de noviembre de 1945 y terminó el 1 de octubre de 1946, después de 210 días de sesiones.
Los jueces y fiscales representaban a Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética; los acusados y sus abogados se comunicaban principalmente en alemán. Las declaraciones, interrogatorios, pruebas y decisiones debían estar disponibles en los cuatro idiomas.
La necesidad no era sólo logística. La Carta del Tribunal Militar Internacional y el derecho de los acusados a comprender el proceso exigían un sistema lingüístico confiable. La comprensión también permitía que cada juez siguiera las intervenciones de las demás delegaciones. Este vínculo entre idioma, participación y justicia continúa siendo central en el acceso lingüístico.
La interpretación consecutiva habría obligado a repetir cada intervención en los otros idiomas. El National WWII Museum explica que el proceso habría podido durar cuatro veces más.
En cambio, con la simultánea, los intérpretes esperaban una unidad de sentido y la reproducían casi de inmediato, con un breve desfase necesario para comprender el mensaje.
La traducción y la interpretación cumplieron funciones complementarias, pero no eran la misma actividad.
En Núremberg, los traductores procesaron acusaciones, pruebas, declaraciones, resoluciones y miles de páginas de documentación. Los intérpretes transmitieron las intervenciones durante las audiencias.
En un proyecto jurídico actual ocurre algo similar: la interpretación oral puede convivir con la traducción de contratos y documentos legales, pero cada disciplina requiere un proceso distinto.
Por eso, aunque algunas fuentes históricas utilizan la expresión “traducción simultánea”, el término profesional más preciso es interpretación simultánea.
No. La tecnología y los primeros experimentos se remontan a las décadas anteriores. En los años veinte, Edward Filene y Alan Gordon Finlay desarrollaron un sistema para transmitir discursos interpretados mediante micrófonos y audífonos. IBM adquirió y modificó la tecnología, que ya había sido utilizada en reuniones internacionales en Ginebra.
Esas primeras aplicaciones solían depender de discursos traducidos con anticipación y leídos al mismo tiempo que el original. Ese modelo no servía para una sala judicial llena de preguntas, respuestas, objeciones y testimonios espontáneos.
La innovación de Núremberg consistió en aplicar la técnica durante meses a intercambios no preparados. Léon Dostert, lingüista e intérprete del general Dwight Eisenhower, impulsó la utilización del equipo, participó en el reclutamiento y organizó pruebas para seleccionar a quienes podían trabajar bajo las exigencias de la interpretación simultánea.
La formulación histórica más precisa es esta: los juicios de Núremberg no inventaron la interpretación simultánea, pero fueron su primera gran demostración práctica en un proceso judicial internacional.

Acusados en el proceso principal de Núremberg.
Cada participante podía seleccionar uno de cinco canales: la intervención original, inglés, ruso, francés o alemán. Había micrófonos para jueces, testigos y oradores, y la señal se distribuía a los intérpretes y a la sala.
El sistema requirió alrededor de 600 juegos de audífonos. IBM proporcionó el equipo y técnicos especializados lo instalaron poco antes de que comenzara el juicio. Los intérpretes practicaron mediante audiencias simuladas mientras se completaban los preparativos.
La rama principal de interpretación judicial estuvo formada por 36 intérpretes distribuidos en tres equipos de doce. Un equipo trabajaba en la sala, otro permanecía como reserva y el tercero descansaba.
La cifra de 108 corresponde a una operación más amplia. PBS contabiliza intérpretes, traductores y estenógrafos, además de personal auxiliar para idiomas como polaco y yidis. Las dos cifras son correctas, pero describen grupos distintos.
Las cabinas tenían paneles de vidrio y permitían observar a los jueces, acusados y abogados. Ver al orador ayudaba a identificar quién hablaba, interpretar gestos y captar matices que el audio no transmitía.
Cada equipo podía permanecer cerca de 85 minutos frente al micrófono. El proceso no debía superar las 60 palabras por minuto. Una luz amarilla indicaba que el orador debía hablar más despacio; una luz roja ordenaba detenerse por un problema técnico, una parte inaudible o la necesidad de reemplazar a un intérprete.
Las intervenciones y sus interpretaciones se grababan, mientras los estenógrafos preparaban transcripciones para revisión. El proceso generó 42 volúmenes publicados y fue conocido como “el juicio de los seis millones de palabras”, según el Holocaust Centre North.
La escala documental explica por qué la traducción escrita fue tan importante como la interpretación oral.
Peter Less fue uno de los pioneros de la interpretación simultánea en Núremberg. Había escapado de la Alemania nazi y se formó en la Escuela de Interpretación de Conferencias de Ginebra. Su padre, su madre, su hermana y su abuela permanecieron en Alemania y murieron durante la persecución nazi.
En 1946, con 25 años, interpretó del inglés al alemán. Algunos de los responsables del régimen que había destruido a su familia escucharon su voz a través de los audífonos de la sala.
Su historia plantea una de las exigencias más difíciles de la profesión: transmitir fielmente las palabras de una persona cuando el mensaje y el orador provocan un rechazo profundo.
La imparcialidad profesional no exige carecer de emociones ni aprobar lo que se interpreta. Exige conservar el sentido, no añadir opiniones y no asumir el papel del juez, el fiscal o el abogado.
El proyecto histórico One Trial – Four Languages documenta la trayectoria de Less y otros intérpretes. Décadas después, Less ejerció como abogado en Estados Unidos y recibió en 2006 la Medalla Alexander Gode de la American Translators Association.
Los equipos reunieron a refugiados, sobrevivientes, militares, periodistas, diplomáticos y jóvenes multilingües. Tres historias muestran la dimensión humana de la operación:
Sus biografías impiden reducir la operación a un conjunto anónimo de personas bilingües. Muchos intérpretes estaban pronunciando, en primera persona, testimonios relacionados con la violencia y la persecución que ellos mismos habían vivido.
Dominar dos idiomas no era suficiente. Los intérpretes debían comprender derecho, política, estructura militar, terminología administrativa y el vocabulario del régimen nazi.
La lección sigue vigente: una persona puede hablar dos idiomas con fluidez y no estar preparada para una interpretación especializada.
Aunque los contextos son distintos, el mismo principio aparece en entornos de alto riesgo, como explica nuestra guía sobre interpretación en minas.
El éxito del sistema modificó la historia de la interpretación de conferencias. La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en diciembre de 1946 una resolución para probar el sistema de interpretación simultánea y confirmó su uso mediante una segunda resolución adoptada en noviembre de 1947.
La modalidad encontró resistencia entre algunos intérpretes consecutivos, quienes temían una pérdida de calidad y consideraban valiosas las pausas que permitían a los delegados reflexionar. Sus defensores señalaban que la interpretación simultánea facilitaba debates más fluidos, participación inmediata, reuniones más breves y menores costos operativos.
Hoy, los participantes en reuniones oficiales de la ONU pueden hablar en cualquiera de sus seis idiomas oficiales y sus intervenciones se interpretan simultáneamente a los demás. La práctica moderna conserva los tres procesos fundamentales descritos por la Comisión Europea: escuchar, analizar y reproducir.
Las condiciones actuales son diferentes, pero los principios de organización siguen siendo relevantes para conferencias, reuniones empresariales, procedimientos legales y eventos internacionales.
La documentación también forma parte del sistema. En proyectos técnicos, por ejemplo, conviene coordinar la interpretación con una traducción precisa de manuales, procedimientos y materiales de apoyo.
La enseñanza central es sencilla: la interpretación no es un accesorio que se agrega al final. Es un servicio integrado por profesionales, tecnología, preparación, coordinación y protocolos de comunicación.

Fueron profesionales multilingües reclutados para interpretar las actuaciones del Tribunal Militar Internacional. Entre ellos había refugiados, sobrevivientes, militares, periodistas y diplomáticos.
El equipo encargado de la interpretación simultánea durante las audiencias estuvo integrado por 36 intérpretes organizados en tres equipos de doce. La operación completa llegó a alrededor de 108 profesionales al incluir traducción, estenografía y otras funciones lingüísticas.
Los cuatro idiomas oficiales fueron inglés, francés, ruso y alemán. El sistema ofrecía un canal para el audio original y cuatro para las interpretaciones.
No. Existían sistemas y experimentos anteriores. Núremberg fue la primera gran aplicación sostenida de la técnica en un proceso judicial internacional con intercambios espontáneos.
La traducción trabaja principalmente con textos escritos y permite revisión. La interpretación trabaja con mensajes orales y exige transmitir el sentido en tiempo real o después de una pausa breve.
Permitieron que todas las partes comprendieran y siguieran las actuaciones sin repetir cada intervención en cuatro idiomas. Su trabajo hizo viable un proceso internacional más rápido y respaldó el derecho de los acusados a entenderlo.
Núremberg demostró que la comunicación multilingüe puede influir directamente en la justicia y la participación. También mostró que la tecnología, por sí sola, no resuelve las diferencias lingüísticas: necesita intérpretes capacitados, técnicos, monitores, documentación y protocolos claros.
En Ab Aeterno coordinamos servicios de interpretación profesional para reuniones, conferencias, procedimientos y eventos especializados. Analizamos los idiomas, el tema, la duración, la modalidad, las condiciones técnicas y la documentación disponible para integrar al equipo adecuado.